Parroquia de San Francisco de Asís 
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 Historia de la Parroquia
1. La Parroquia.
2. La Espadaña.

Callejero de la Parroquia
1. Introducción.
2. La Plaza de San Francisco.
3. La Alameda de Colón.
4. La calle del Doctor Déniz.
5. L a calle del General Bravo
6. La calle de Los Remedios
7. Plaza de Cairasco
8. La Calle de Muro
9. La Plaza de Hurtado de Mendoza
10. La  Calle de Lentini
11. La  Calle de Cano
12. La  Calle de Los Malteses
13. La  Calle de San Pedro
14. La  Calle de Triana
15. La  Calle de San Diego de Alcalá
16. La  Calle de la Peregrina
17. La  Calle del Doctor Rafael González
18. La  Calle de Maninidra
19. La  Calle de San Bernardo
Historia de la Parroquia
1. La Parroquia
Espadaña
   La actual Parroquia fundada en 1821, ocupa la Iglesia del antiguo convento de San  Francisco, uno de los primeros que se fundaron en la ciudad, construida en 1518 por el sevillano Pedro Llerena, aunque el templo primitivo sucumbió bajo las llamas del ataque a la ciudad del holandés Van der Does. De las huertas de este convento salieron las semillas de productos cuyo cultivo se extendió luego por todo el nuevo mundo. 
   De la edificación actual se destaca la portada de piedra, de claro sabor barroco, y en su interior las tres naves levantadas al estilo usual de las Iglesias del Archipiélago, en cuya construcción intervinieron también Juan Lucero, en 1635 y Juan Báez Marichal en 1652. Junto al artesonado de su techo de estilo mudéjar destaca la decoración del templo obra del artista Gran Canario Jesús Arencibia Gil, realizado en el conjunto de trabajos proyectados entre 1954 y 1961, para mejorar la decoración del templo. También cabe mencionar su curiosa espadaña en piedra separada del edificio con la Iglesia.
   En esta Iglesia se custiodia la imagen dela Virgen de la Soledad de la Portería, que desde muy antiguo goza de grav veneración entre los habitantes de la ciudad, que la acompaña cada Semana Santa en su recorrido por Triana y Vegueta en su rico y bello tronco con palio de varales de Plata Repujada.
Espadaña
2. Historia de la Espadaña (Museo Canario, nº 14)(bajárselo en pdf)
 - LA ESPADAÑA DE SAN FRANCISCO
  La espadaña de la Parroquia de San Francisco de Las Palmas y sus alrededores, cuya restauración acaba de finalizar, permanecieron durante cuatro décadas sumidos en un incomprensible abandono.
   Ni su dilatada historia ni sus valores arquitectónicos impidieron en su día que la piqueta voraz destruyera portadas góticas, demoliera claustros y capillas y convirtieran en astillas los artesonados mudéjares. En pocas semanas desapareció el que había sido el convento franciscano más importante del Archipiélago.
   Lo que añade gravedad a este atentado al patrimonio artístico es que un fue perpetrado por un empresario especulador, sino por el Ayuntamiento y el Cabildo, instituciones sobres las que recae el deber de velar por la perdurabilidad de nuestra riqueza monumental.
   En la actualidad, el comportamiento de estas corporaciones es muy diferente. Vigilan con celo las actuaciones que puedan afectar a los edificios de singular significación y a las zonas protegidas y, por añadidura, arbitran fondos para su restauración
Espadaña y parroquia
- LAS VISICITUDES DEL EDIFICIO CONVENTUAL
   Las desventuras del cenobio franciscano comenzaron en 1835, cuando el ministro Juan Álvarez Mendizábal suprimió por decreto las comunidades religiosas y dispuso la incautación de sus cuantiosos bienes. Entonces los frailes se vieron obligados a abandonar el convento trianero, que se convertiría en cuartel de Infantería. 

    Poco más de un siglo permaneció en él la tropa, hasta que el Ministro de la Guerra se avino a cederlo en permuta al Cabildo Insular a cambio del edificio de la calle Juan de Quesada, en que hoy se encuentra el rectorado de la Universidad. Este edificio había sido ocupado manu militare durante la guerra civil para destinarlo a hospital militar, y como su recuperación resultaba difícil, optó el Cabildo por la permuta.
   Dueña la Corporación del antiguo convento, se apresuró a demolerlo, quizás temerosa de futuras incautaciones. Lo que se había alzado en los siglos XVI y XVII terminó, en pocas semanas, convertido en escombros.   En medio de tanta desolación y ruina sólo se mantuvo en pié, pero tambaleante, la espadaña, edificada en 1679. De nada sirvió que protestaran las voces de sus campanas: nadie la quiso escuchar.

   
De estos bronces centenarios dijo D. Benito Pérez Galdós: “Cuando he oído el tañido de sus campanas, siempre he sentido una emoción entre triste y dulce. Su son no lo confundiría con ninguno. Lo distinguiría entre cien que tocasen a un tiempo”.
- RESTAURACIÓN DE LA ESPADAÑA Y DE SU ENTORNO
    El sector urbano en que se haya enclavado la iglesia parroquial ha experimentado en estos últimos años una transformación profunda. Sobre el solar que fue originariamente convento se ha construido, quizás con ciertas estrecheces, el Conservatorio de música, que humilla con sus proporciones la sobria arquitectura del templo. 

  
A la espadaña también le llegaría, después de dilatados trámites, la hora de su restauración. Hubo un primer intento que se materializó en el proyecto redactado por los arquitectos Alicia Doreste y José Luís Gago en 1989 para la Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias, que no llegó a realizarse. Posteriormente. En 1998 y 2001, con la autoría de los mismos arquitectos, se confeccionaron nuevos proyectos para el Servicio de Patrimonio del Cabildo. Con sujeción a éstos se ha ejecutado las siguientes obras:

-Construcción de un contrafuerte en la parte posterior de la espadaña, que se hallaba apuntalada por falta de estabilidad
- Sustitución de sillares de cantería afectados por la erosión
- Reconstrucción del balconcillo de madera que corona parte de los nichos en los que se alojan las tres campanas
-Como acertada innovación ha sido esculpida en el contrafuerte la frase que Galdós dedicó a las campanas de la iglesia en la que fue bautizado en 1843
- Además, y en el entorno del campanario, se ha repuesto dos arcos de medio punto, apoyados sobre columnas, que hasta 1856 formaban la fachada sur del convento. Por esta arcada se accedía a la capilla en la que recibiría culto la Virgen de la Soledad.
Capilla en acuarela de C. Quesada
Acuarela de C. Quesada
 - LA CAPILLA DE LA ORDEN TERCERA
  Lo que ha resultado irrecuperable de este rincón ha sido la capilla de la Orden Tercera, que se hallaba lindando con la espadaña y el portalón de la huerta conventual.
   Esta pequeña iglesia, de planta rectangular, la cubría un artesonado a dos aguas de mucha calidad y poseía retablos e imágenes de mérito.
Con motivo de la desamortización pasó el sagrado lugar a manos del Ayuntamiento, que lo destinó a escuela de primeras
letras y a aula de la Academia de Dibujo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País.
  En 1953, el Ayuntamiento capitalino tomó el acuerdo de demolerla para, sobre su solar, trazar la calle que enlaza la de Domingo Déniz con la de Primero de Mayo. Las inmisericordes palas mecánicas dejaron entonces al descubierto las sepulturas de los hermanos cofrades, que habían elegido aquel lugar para su eterno y seguro descanso. Los restos que afloraron fueron trasladados al cementerio.
  La Sociedad Económica de Amigos del País no salió perjudicada: fue compensada con una planta completa en el edificio de las Academias Municipales de la calle Mendizábal.
   A pesar de lo mucho que se ha perdido para siempre, lo que perdura se halla consolidado y notablemente mejorado, gracias a las aportaciones dinerarias del Cabildo y el buen hacer de los arquitectos directores de la obra.

Callejero de la Parroquia
1. Introducción
Escudo
   La parroquia de San Francisco de Asís del histórico y comercial barrio de Triana, fue erigida, por primera vez, el 19 de agosto de 1821, y el 16 de junio de 1840 definitivamente. El templo parroquial lo ocupa, desde el primer momento, la iglesia del antiguo convento franciscano, una vez desechada la antigua ermita de Ntra. Sra. de los Remedios (1497), un amplio solar en la actual plazuela de Hurtado de Mendoza , popularmente
conocida como “Plaza de las ranas,” que haría que nuestra parroquia se denominara, al inicio,  “Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios y San Francisco de Asís”.

   El templo actual tiene ya cerca de cinco siglos y, en su planta y alzado, es exactamente la misma que se concluyó en 1699. En el año 1985 (Real decreto de 20 de diciembre del mismo año) fue declarado Monumento Histórico Artístico. Suprimer párroco fue D. Antonio Agustín Barbosa.
  La parroquia limita con las parroquias de San Nicolás, (calles Acequia, Concha Espina y 1º de Mayo) San Agustín (barranco Guiniguada) y San
Bernardo (Calles Perdomo y Munguía). Es nuestra intención ir describiendo en este lugar, mes tras mes, el nomenclator de las principales calles de
esta jurisdicción.
  2. Plaza de San Francisco
  Comenzamos nuestro recorrido sentimental por las difrentes plazas y calles que conforman la jurisdicción parroquial de San Francisco de Asís, algunas de las cuales ya aprecen el el plano qu etrazó el ingeniero cremonés Leonardo Torriani en 1590.
   Como el espacio público urbano más próximo al templo es la Plaza de San Francisco, comenzaremos por ella este evocador paseo.
  La plazoleta se formó a la par que las obras del convento iban avanzando. La denominación inicial fue la de "compás de San Francisco" y era como la antesala del edificio sacro que le servía de fondo. Para hacerlo más recoleto y darle intimidad, una alta tapia rodeaba todo su perímetro; un portalón de cantería facilitaba el acceso al campo.
  Toda la superficie se hallaba ajardinada y en ella crecían frondosos álamos que proporcionaban sombra a las numerosas sepulturas allí existentes, en las que reposaban los restos mortales de los vecinos probres del barrio de Triana. 
Plaza de San Francisco
Plaza de San Francisco
  La tapia fue demolida en 1664, quedando despejado el lugar. Muchos años después, en 1892, se alzó en la plaza el munumento a Colón y sería enriquecido el frontis de la iglesia con la marmórea escultura de San Francisco de Asís.
  3. La Alameda de Colón
   En el solar que hoy ocupan la Alameda , el Gabinete Literario y la Plaza de Cairasco, se levantaba hasta el año cuarenta del siglo XIX, el convento de San Bernardino de Sena de monjas de Santa Clara.
   Era un caserón inmenso, cuyos exteriores lo formaban tapias enjabegadas en las que se abría algún que otro ventanuco, poco necesario, por cierto, a sus moradoras, que más tenían que mirar al cielo que a la calle. Fue fundado en el año 1664 y el núcleo del mismo lo constituyó la casa de Bartolomé Cairasco de Figueroa.
  La vida de este monacato no fue larga: ciento setenta y seis años, ya que en 1840 los munícipes capitalinos decidieron expulsar a las religiosas de su casona y demolerla, para construir en el generoso solar la Alameda , una plazoleta y un teatro, que es en la actualidad el Gabinete Literario.
La Alameda de Colón
La Alameda de Colón
   La Alameda llegó a adquirir en la decimonónica centuria un prestigio y una categoría social de “salón”  elegante, inigualado por los paseos públicos del archipiélago. El “salón central”, como llamaban al paseo ancho, estaba bordeado de plátanos del Líbano y en él se reunía el señorío de la ciudad; los paseos laterales estaban destinados al artesanado. 
 En uno y otros, numerosos bancos de cantería, en forma de “sofás”,invitaban al descanso mientras la banda de música del Regimiento deleitaba a la concurrencia con sus tocatas.
  Un horario riguroso regía la apertura y cierre del jardín. Se abría en verano a las seis y en invierno a las siete de la mañana. El cierre era en verano a las once de la noche y en invierno después de las oraciones.
  La  Alameda se denominó primero de “Santa Clara” y, a partir de 1892, de “Colón”, en recuerdo del Almirante.
4. Calle del Doctor Domingo Déniz
   Con este nombre se distingue la calle situada al poniente de la Alameda de Colón. Se inicia frente a la puerta principal de la Parroquia de San Francisco de Asís y termina en la confluencia de las calles de San Nicolás y los Remedios. Con anterioridad era conocida como de Santa Clara, por hallarse junto al convento de las religiosas clarisas que se alzaba en el solar que hoy ocupa la Alameda y el Gabinete Literario.
  El nombre actual responde a un acuerdo del Ayuntamiento de la capital, que quiso honrar la memoria de este benemérito personaje que tanto contribuyó al embellecimiento del barrio de Triana y a la promoción cultural de los canarios. Calle del Dr. Domingo Déniz
   Domingo Déniz Grek nació Las Palmas de Gran Canaria en 1808, en la casa familiar ubicada en esta misma calle. Estudió medicina en la ciudad francesa de Montpellier, en la que se doctoró. Posteriormente se estableció de forma permanente en su ciudad natal, en la que se consagró a su ejercicio profesional, tarea que simultaneó con la dirección del Hospital de San Martín y Cuna de Expósitos.
 Desde su puesto en la Real Sociedad Económica de Amigos del País acometió la publicación del Diccionario de Historia Natural del insigne José de Viera y Clavijo. Fruto de su gran inquietud intelectual fueron un tratado de Geografía y Cosmología y una Historia de Canarias, en dos volúmenes, que permanece inédita.
   En su niñez colaboró con su tío Pedro Alcántara Déniz, alcalde que fue de la ciudad, en los ensayos del cultivo de la cochinilla, actividad que se convertiría en fuente de riqueza para las islas.
   Por su dilatado quehacer sanitario, especialmente en los dolorosos meses en que la isla padeció la epidemia del cólera, le fue concedida la Cruz de Beneficencia. Falleció en 1877.
  5. Calle del General Bravo
General Bravo

   Por el naciente de la Alameda de Colón discurre la calle denominada GENERAL BRAVO, que se inicia en la Plaza de San Bernardo y finaliza en la calle Remedios. A ella dan las fachadas de nobles edificios como el Gabinete Literario, el convento de las religiosas Dominicas, la pared del naciente de la parroquia de San Francisco y el Conservatorio de Música.

   El nombre de esta vía recuerda al ilustre patricio Don Pedro Bravo de Laguna y Joven (1832-1896), militar con una brillante trayectoria, en la que destaca su participación en las campañas de las guerras carlistas y de Hispanoamérica. En varias ocasiones desempeñó el cargo de Gobernador militar de Gran Canaria y se destacó, en 1854, por formar parte del grupo de oficiales que, de forma voluntaria, se dirigió al Palacio Real para dispensar protección a la Reina Isabel II del ataque que se anunciaba y escoltarla, en el caso de que se viera obligada a evacuar la capital, gesto caballeroso que mereció la estima de la reina y su familia.

   Memorables fueron asimismo sus actuaciones en el ámbito cultural, tanto como presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria como del Gabinete Literario, entidad para la que  gestionó y obtuvo la propiedad del señorial edificio que ocupa en la actualidad.

   Sus intervenciones políticas estuvieron siempre encaminadas al progreso de Gran Canaria y las otras islas del grupo oriental, prestando su estrecha colaboración a los hermanos don Fernando y don Juan de León y Castillo para obtener las destacadas mejoras conseguidas entonces por las islas, de manera especial la construcción del Puerto de la Luz. Fue senador del Reino, diputado a Cortes en varias legislaturas, por los distritos de Guía y Las Palmas. Se suele decir, con sobrada razón, que su biografía se funde con la “historia grande” de Gran Canaria durante los últimos cincuenta años de su vida.

  A pesar de hallarse gravemente enfermo, en 1896 hizo viaje a Madrid para realizar gestiones en pro de Gran Canaria. Ya no regresaría, porque en la Villa y Corte dejó de existir.

  6. Calle de Los Remedios
Calle de Los Remedios

  Esta vía, situada en la cabecera sur de la Alameda de Colón, la separa del edificio de la Caja de Ahorros y en ella se hallan asimismo la Biblioteca Insular, los juzgados y el centro comercial Monopol.

 El nombre rememora a una desaparecida ermita, de generosas proporicones, que estuvo situada al comienzo del barrio de Triana, lindando con el Guiniguada y cuya construcción databa de 1497.
 Al parecer, la ermita salió indemne del ataque perpetrado contra la ciudad por el almirante Van der Does en junio de 1599, pero no pudo resistir el paso de los años, y a finales del siglo XVIII fue declarada en ruinas. Entonces, algunos de sus ornamentos, cuadros e imágenes pasaron a la iglesia de San Francisco de Asís; entre las efigies se hallaba la del titular del templo, Nuestra Señora de los Remdios, de gran calidad artística.
  Cuando en 1821 fue creada en la iglesia de San Francisco la parroquia de la jurisdicción de Triana, tuvo como titulares a la Virgen de los Remedios y San Francisco. La inestabilidad política de aquellos años provocó la suspensión temporal de la recién creada parroquia, que tuvo una vida corta. Al ser reinstaurada, el 16 de junio de 1840, por el enérgico obispo don Judas Romo y Gamboa, lo haría con el solo nombre de San Francisco de Asís.
  La antigua, venerada y hermosa imagen de la Virgen de los Remedios seguiría, no obstante, en la parroquia de San Francisco más de un siglo, pero cuidadosamente guardada en una de sus sacristías, sin que se le tributara culto. En los años veinte de la pasada centuria fue cedida a la ermita de San Antonio Abad, y en este recoleto templo de Vegueta se encuentra en la acutalidad, ocupando la horanacina central del retablo principal.
  7. Plaza de Cairasco

   Este espacio de forma triangular, que se extiende delante del edificio del Gabinete Literario, lleva el nombre del insigne poeta grancanario Bartolomé Cairasco de Figueroa (1583-1610), cuya efigie marmórea remata la fuente ajardinada que se alza en su centro. Tanto el rótulo de la plaza como el monumento están de sobra justificados por dos motivos: por la valía del personaje y porque, antes de que en aquella plaza se edificara el convento de las religiosas clarisas (1664), fue casa y huerta deBartolomé Cairasco.

    Resulta difícil resumir en pocas líneas la vida de una figura tan sobresaliente: canónigo de la Catedral de Santa Ana, poeta, músico, dramaturgo que cuenta con una extensa obra literaria. En ella destacan títulos como “El templo militante”, la traducción al castellano
de la “Gerusalemme liberata” de Torcuato Tasso, la “Esdrujulea”, una “Vita Christi” y numerosas comedias que solían ser representadas dentro o en el pórtico de la Catedral con motivo de festividades litúrgicas o el recibimiento de un nuevo obispo. A las reuniones eruditas que organizaba en el jardín de su casa concurrían, entre otros, Antonio de Viana, Leonardo Torriani, Abreu y Galindo, Juan de la Cueva, Luis Pacheco de Narváez, etc. Cairasco, introductor del verso esdrújulo en la poesía castellana, solía
dar a conocer en esta “academia” las primicias de su fecunda obra.
     Al fallecer en 1610, y según había dispuesto, recibió sepultura en la capilla de Santa Catalina de la Catedral de Santa Ana. Tanto Miguel de Cervantes como Lope de Vega exaltaron, en sendas composiciones poéticas, los valores de este innovador poeta canario, acreedor de este epitafio:
  «El músico y poeta celebrado en todo el mundo
yace aquí enterrado, su fama vuela hacia las estrellas.
Que así sea para siempre.»

Plaza de Cairasco
  8. Calle de Muro

        Esta vía, con nobles edificaciones neoclásicas a ambos lados, se inicia en la calle de los Remedios y termina en el Guiniguada. No es de las más largas del barrio de Triana,  pero sí una de las más céntricas y de mayor tráfico. Se denomina Muro en recuerdo de D. Salvador Muro, primer subgobernador de Gran Canaria, designado por el Gobierno Central en 1852.

D. Salvador Muro se tomó muy en serio el cargo, y su gestión al frente de la subgobernación resultaría altamente beneficiosa para los intereses de Gran Canaria, al dotarla de una cierta autonomía administrativa en las parcelas de educación, beneficencia, sanidad, materia impositiva, etc.

Ante la política acaparadora que había seguido Tenerife a partir de 1822, año en que consiguió Santa Cruz ser designada capital del archipiélago, la mano izquierda de Muro hizo posible que Gran Canaria volviera a recuperar, en determinadas materias, la capacidad para resolver sus propios intereses. Con estos logros, las aspiraciones de nuestra isla no quedaban satisfechas, pero mejor era poco que nada.

Calle de Muro         
     
Con anterioridad esta vía era conocida popularmente por la calle del perro, a causa de un pilar público en ella existente y que estaba rematado con una cabeza canina. La corporación municipal, en prueba de gratitud, acordó rotularla con el nombre del subgobernador Muro, que tanto se había desvivido en atender las justas aspiraciones de Gran Canaria.
  9. Plaza de Hurtado de Mendoza
Plaza de Hurtado de Mendoza (o de Las Ranas)
  Este acogedor espacio urbano linda con la calle de Muro y el barranco Guiniguada, oculto con la vía que discurre sobre él.
   Su nombre constituye un homenaje a la memoria de Don Ambrosio Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós (1858-1922), abogado, dinámico alcalde de la ciudad de Las palmas de Gran Canaria y líder del movimiento político que tuvo como bandera el divisionismo, cuyo fruto sería la creación de la provincia de Las Palmas, logro que él no llegó a ver.
   Hechos destacados de su gestión municipal fueron la brillante recepción que la ciudad hizo en 1906 al rey Alfonso XIII, primer monarca español que visitaba el archipiélago, la remodelación de la calle Mayor de Triana, que significó la desaparición del estrechamiento que la afeaba, y la subsiguiente construcción, en ese lugar, de la serie de casas de estilo modernista que hoy embellece la vía.
  La plaza rotulada con su apellido se denominó primeramente “Príncipe Alfonso” por poco tiempo, ya que al ser destronada su madre Isabel II en 1868, pasó a llamarse De la Democracia y finalmente de Hurtado de Mendoza. Popularmente es conocida también por Plaza de las ranas, debido a los dos batracios que decoran el estanque central. Un monumento de mármol de Carrara perpetúa el recuerdo del benemérito alcalde capitalino.
  La plaza adquirió el rango de tal por iniciativa de Don Antonio López Botas, el inolvidable munícipe del siglo XIX que acometió las obras con dinero de su propio bolsillo, porque entonces el Ayuntamiento apenas tenía presupuesto para pagar a sus pocos funcionarios.
  10. Calle de Lentini

   Discurre esta vía a lo largo del costado norte del Guiniguada, desde la calle de Muro hasta el Teatro Pérez Galdós.

  Originariamente se denominó calle del Sol. Pero a partir de 1840 decidió el Ayuntamiento capitalino rotularla con el nombre de Lentini, en recuerdo de D. Benito Lentini  Messina. Como pregonan sus apellidos, este D. Benito era italiano y músico por añadidura.
   Arribó a Las Palmas de Gran Canaria en los años veinte del siglo XIX para dar unos conciertos y aquí se quedaría para siempre. Contrajo matrimonio en dos ocasiones y ambas con damas canarias. Según señala Domingo Déniz Grek fue profesor de música y canto, director interino de la Capilla de Música de la Catedral de Santa Ana, concejal del Ayuntamiento, persona de viva imaginación y de acertadas iniciativas urbanas.
   Lentini sería uno de los más dinámicos impulsores de la construcción de la Alameda, del viejo Teatro Cairasco y, de manera especial, de la calle que hoy lleva su nombre y de sus alrededores.
Calle de Lentini
   Por donde en la actualidad discurre esta vía, tan transitada a todas horas, era originariamente un derrumbadero que las aguas del Guiniguada, en los inviernos fuertes, invadían y cortaban el paso. Lentini proyectó el gran muro de contención, el relleno y pavimentado, la colocación de poyos para el descanso de los viandantes y la plantación de árboles ornamentales.
   Otra preocupación de Lentini sería la de inculcar a los vecinos de la ciudad el cuidar la imagen de la pequeña urbe; que pintaran las fachadas de sus casas y que contribuyeran con diligencia a la limpieza de sus calles, desterrando la costumbre de arrojar a ellas la basura y aguas fecales. En definitiva, trasplantó a Gran Canaria la preocupación por el esmero y la belleza que imperan en su Italia natal, fruto de los arquitectos renacentistas y barrocos.
  11. Calle de Cano
   Esta calle se incia en Los Malteses y finaliza en la arbolada calle de San Bernardo. En el siglo XVI se la conocía por "Ventimiglia", porque en ella residía el comerciante genovés del mismo apellido; después de "La Carrera" y por último de "Cano". Calle de Cano
   El desacuerdo sobre su actual nombre ha sido persistente: para unos recordaba a Juan Sebastián Elcano, que en 1522 fue el primero en dar la vuelta al mundo; otros eran de la opinión que homenajeaba a Tomé Cano, famoso constructor de naves, nacido en Garachico (1545-1625); también al diligente corregidor de nuestra ciudad: Vicente Cano y Almazán; o al hecho de que en ella se ubicara la oficina recaudatoria del canon o impuesto municipal. Todo quedaría aclarado cuando el genealogista Miguel Rodríguez Díaz de Quintana dio a conocer que en esta vía, Antonio Francisco de Sosa, apodado “el Cano”, tuvo diversas propiedades y comercios. 
    Hasta bien entrado el siglo XIX abundaban en ella las casas terreras de deleznable arquitectura, destinadas a tiendas de "aceite y vinagre", latonerías, zapateros remendones, lonjas de pescado salpreso y otras actividades de poca monta. La casa en la que hoy existe una sucursal de la firma de joyeros más famosa de Europa fue, hasta los años setenta del siglo pasado, una construcción terrera, con latada y parra en la azotea, destinada a taberna de ínfima categoría. Eran los hitos, que recordaban que hasta hacía unas décadas, el Real de Las Palmas finalizaba en la calle de San Bernardo.
   Alternando con estos modestísimos inmuebles, lucían sus fachadas otros de noble prestancia habitados por acaudaladas familias de la burguesía canaria. En uno de ellos nació, en 1843, D. Benito Pérez Galdós, gloria de las letras españolas.
  12. Calle de Los Malteses
Calle Los Malteses    Es la vía que comunica la Alameda de Colón con la calle Mayor de Triana. Con anterioridad se denominó “calle del Agua”; después de “Gotardo” y, a partir del siglo XVIII, “los Malteses”, a causa de los numerosos naturales de la isla de Malta que emigraron a Gran Canaria y abrieron tiendas en ella: sería el inicio de la prosperidad comercial del barrio de Triana.
  El flujo migratorio desde la isla de Malta hacia Canarias tuvo varias causas; una de ellas sería la decadencia de la Soberana Orden  que provocó un período de inquietud social y de revueltas que trajo consigo la crisis del comercio maltés y, de modo especial, de la actividad pesquera.Esas circunstancias adversas motivaron el éxodo de algunos comerciantes y armadores hacia nuestro archipiélago. La colonia maltesa la formaron, entre otras, las siguientes familias: Sortino, Inglott, Parlar, Portelli, Magrid, Bonello, Grek, Azopardo, Olleño, Ferrugia, Ostia, Espiretti, etc. La mayoría abrió sus tiendas en “La Peregrina” y en la calle de “Gotardo” que, desde entonces, comenzó a ser conocida por “Los Malteses”.
   Esta vía capitalina fue elegida por sobresalientes personajes canarios para fabricar en ella sus mansiones. Recordaremos a dos: don Antonio de la Rocha y Bethencourt (1708-1783), coronel del Regimiento provincial de Telde, alcaide perpetuo de la Casa-Fuerte de Santa Cruz del Romeral y autor de los planos del hospital de San Martín y de la basílica de Teror.
    El otro vecino ilustre fue don Andrés Rusell, casado con doña María de Palencia, de ascendencia irlandesa. Sus antepasados vinieron a Canaria a consecuencia de la persecución de Cronwell contra los católicos en el siglo XVII. Estos esposos serían generosos benefactores de la advocación del Señor de la Humildad y Paciencia, cuya imagen recibe culto en nuestra parroquia.
  13. Calle de San Pedro
  Con este nombre es conocida la calle descendente que enlaza la de Lentini con la Mayor de Triana. Se explica tal denominación porque hasta las postrimerías del siglo XVIII se veneraba en la iglesia de los Remedios, que con ella colindaba, un imagen del apóstol, esculpida por Martín de Andújar, cuya cabeza se conserva actualmente en el Museo Diocesano. Años más tarde, D. José Luján Pérez, modeló la que hoy recibe culto en nuestra parroquia de San Francisco de Asís y procesiona el Viernes Santo. Calle de San Pedro
   El insigne artífice guiense recogió con gran verismo la escena en la que San Pedro, después de negar al Maestro tres veces, se da cuenta de su cobardía y al enfrentarse con Jesús cautivo, derrama lágrimas de arrepentimiento.
   Una antigua y desaparecida cofradía denominada de “Las lágrimas de San Pedro”, que congregaba a numerosos sacerdotes, fue muy popular en la ciudad del setecientos; contaba con un rico patrimonio ornamental que, en parte, ha llegado hasta nuestro tiempo.
   El paso en el que procesiona el apóstol, arrodillado a los pies de Jesús Narazeno, es de singular magnificencia.

  14. Calle de Triana
   Es esta vía la de superior rango urbano de la antigua ciudad capitalina. Se inicia en la calle de Lentini y finaliza en la de Bravo y Murillo.

  El Real de Las Palmas se asentó en Vegueta, en torno al lugar que hoy ocupa la ermita de San Antonio Abad y los edificios aledaños; poco después, al incrementarse el número de sus pobladores, éstos se vieron obligados a cruzar el Guiniguada y a expandirse hacia el norte, sector al que los andaluces que acompañaban a Juan Rejón comenzaron a llamar Triana.

  El topónimo “Triana”, según Francisco Morales Padrón, pudo tener su origen en el gentilicio “Traiana”, derivado del apellido de la poderosa familia de los Trajanos, avecindada en Itálica; o en el vocablo latino ”trans amnis” (al otro lado del río). Lo que no ofrece dudas es su vinculación con Sevilla.

  Su trazado rectilíneo lo posee gracias a los desvelos del Ayuntamiento, presidido por don Ambrosio Hurtado de Mendoza, que acordó el derribo de una serie de casas que la estrechaban, y que fueron reemplazadas por los edificios de estilo modernista que hoy la embellecen.
  En esta arteria residen en la actualidad importantísimos comercios, oficinas y sucursales bancarias que le imprimen un gran dinamismo. Es, sin duda, el meollo de la ciudad antigua que habla con lenguaje de hoy.


  15. Calle de San Diego de Alcalá
Calle de San Diego de Alcalá      La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria ha querido que el recuerdo de San Diego de Alcalá sea cotidiano y, por ello, ha rotulado con su nombre la calle que se halla junto al lateral norte del barranco Guiniguada.

  Este fraile franciscano llegó a Fuerteventura sobre 1441, en compañía de fray Juan de Santorcaz, con la misión de evangelizar aquella isla. A pesar de no ser presbítero, sino un humilde hermano lego, fue nombrado guardián del convento de San Buenaventura, ubicado en Santa María de Betancuria, primera fundación monástica del archipiélago. De este cenobio sólo quedan hoy sus venerables ruinas.

   La orden franciscana, al expandirse por las siete islas, con numerosos conventos y nutridas comunidades, se vio obligada a constituirse en Provincia, que fue puesta bajo el patrocinio de San Diego de Alcalá.
   En el templo parroquial de San Francisco de nuestra ciudad recibe culto una hermosa talla policromada del siglo XVII, de este santo misionero. Se le representa abrazado a una gran cruz, en recuerdo de lo que cuenta la historia y recoge Viera y Clavijo: Desde que desembarcó en tierra majorera se echó a cuestas una cruz que traía consigo hasta llegar a la puerta de su convento, donde la colocó. Tenía la costumbre de que una cruz encabezara siempre sus actuaciones catequísticas.
   Han pasado cinco siglos desde la llegada del humilde lego franciscano al archipiélago y los estudiantes canarios de todos los niveles académicos – que siempre buscan algún motivo para holgar – acordaron denominar con el nombre de “fuga de San Diego” una vacación másde las muchas que disfrutan a lo largo del curso.

  16. Calle de La Peregrina.
Calle Los Malteses    Así se denomina una de las vías del barrio de Triana. No puede presumir de larga (119 metros), ni de ancha (4,30 metros), pero sí de antigüedad. En el plano del ingeniero cremonés Leonardo Torriani, trazado en la última época del siglo XVI, ya aparece tal y como es hoy. Desde entonces es conocida como calle de LA PEREGRINA, que sigue con el mismo rótulo.
 ¿ Quién fue la dama cuyo recuerdo permanece vivo enesta calle trianera? A dos vecinas, ambas coétaneas, se les atribuye la maternidad de la rúa. La primera sería Mariana de Múxica, nacida en Sevilla, pero de noble ascendencia grancanaria. Doña Martina y su marido, Jerónimo de Zúñiga, emprendieron viaje a Indias, pero la nave fue apresada por el pirata Morato Arráez y llevados a Berbería, donde falleció el esposo y nació una hija, a la que dejó como rehén para venir a Gran Canaria, vistiendo hábito de peregrina.
  Aquí  pidió limosna a la parentela para rescatar a su pequeña hija, alojándose en una de las casas de esta calle. Su vida fue un cúmulo de desgraciados acontecimientos imposibles de narrar en este lugar.
    La  otra posible candidata se llamaba Peregrina de Montesa, casada con Mateo Carrasco Maldonado, ambos de elevada alcurnia y avecindados en la vía a la que nos referimos. Por su ascendencia genovesa y vinculación con el convento franciscano, sus restos mortales, con toda seguridad, descansan en el presbiterio de la Iglesia Parroquial de San Francisco.

  17. Calle del Doctor Rafael González
   En esta vía del barrio de Triana, que enlaza la calle Malteses con de Torres, vivió y falleció el prestigioso médico D. Rafael González Hernández. Para perpetuar su memoria acordó el Ayuntamiento capitalino rotularla con su nombre. Calle del Dr. Rafael González
   Don Rafale González Hernández (1866-1941), nació en Arrecife de Lanzarote; estudió Medicina en la universidad de Montpellier, obteniendo el grado de doctor en 1892. En Las Palmas desarrollaría una labor profesional, social y cultural encomiable. Fue el primer presidente del Colegio Oficial de Médicos (1924) y desempeñó también, durante varios años, la presidencia del Museo Canario y de otras instituciones culturales. Sus compañeros de profesión patrocinaron la creación de una beca con su nombre, destinada a un estudiante de brillante expediente académico que deseara estudiar Medicina. Dejó de existir en su casa capitalina en 1941.
   Con anterioridad y desde hacía siglos, se denominaba la calle con el gentilicio "de los Moriscos", porque en ella se habían establecido los descendientes de los musulmanes que se quedaron en la Península al finalizar la Reconquista, y que optaron por bautizarse, aunque en la intimidad siguieron practicando de forma oculta el islamismo.
       Estos moriscos de Canarias ejercían el pequeño comercio, la buhonería; eran hábiles agricultores y artesanos, sobre todo en trabajos de carpintería de los que se conservan los artesonados mudéjares, como los de nuestra parroquia. En 1609, reinando Felipe III, se pudo constatar la existencia de acercameintos peligrosos de miembros de esta minoría con los bereberes del Norte de África y se decretó su expulsión. Sin embargo, esta medida no sería aplicada en Canarias y siguieron viviendo en las islas, conviviendo pacíficamente con la población que profesaba otro credo.

  18. Calle de Maninidra
   Donde finalizaba por su lindero norte el desaparecido convento de San Francisco de Asís, se halla la calle que actualmente lleva el nombre de MANINIDRA. Por ella tiene su entrada principal el Conservatorio de Música de Las Palmas, que vino a ocupar parte del antiguo solar conventual. Calle de Maninidra
   Maninidra fué un personaje singular, que desarrolló un papel relevante entre los aborígenes coetáneos a la conquista de Gran Canaria: era uno de los seis guaires que formaban la cúpula militar del guanarteme de Telde. De él, dicen las Crónicas de la Conquista, que era « hombre alto de cuerpo, de señaladas fuerzas y victorias...que hacía maravillas con una gran espada de palo, que de un golpe derriba a un hombre y quiebra las patas a los caballos...»
   Luchó contra las tropas castellanas dando muestras de valor y astucia en el ataque a la torre de Gando que logró conquistar haciendo prisioneros a sus defensores. En una escaramuza posterior sería derrotado y apresado. Durante su cautiverio recibió el sacramento del Bautismo y se le impuso el nombre de Pedro.
   Participó en las conquistas de Tenerife y La Palma a las órdenes del adelantado Alonso Fernández de Lugo, al que también siguió en su expedición a la costa de Africa. Allí, lejos de sus islas y de su gente, perdió la vida.

  19. Calle de San Bernardo
Calle de San Bernardo - Las Palmas G.C.
     Casi hasta la mitad del siglo XIX, la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria finalizaba en la calle de San Bernardo; a partir de ella se extendía el arrabal capitalino. Lleva el nombre de San Bernardo porque a esta vía daba la fachada principal del monasterio de religiosas bernardas, "el mayor convento - según Pascual Madoz - que ha existido en Canarias. Constaba de cuatro grandes patios, un hermoso jardín y una magnífica huerta con el agua suficiente para el regadío. Poseía un bonita iglesia, aunque pequeña..." En el año 1842, y dentro del programa desamortizador de Mendizábal, se sacó a pública subasta por la suma de mil pesos. Los adjudicatarios demolieron el convento y el inmenso solar fue parcelado y vendido.

 

  San Bernardo de Claraval (1090-1153), ingresó como monje en la célebre abadía francesa situada en Cîteaux, de la Orden de San Benito. Este monasterio llegaría a contar con 700 religiosos y fue la cabeza de una  especie de federación de cenobios compuesta por más de 160 monasterios. Tal engrandecimiento sería la obra fecunda de San Bernardo.
  San Bernardo llegó a tener tanto predicamento que su actividad de arbitraje se extendió a toda la Europa medieval, solucionando conflictos entre príncipes, monarcas y caballeros feudales. Los reyes y papas solicitaban sus consejos, desarrollando un papel destacado en la organización de la segunda cruzada.
  Tuvo una ferviente devoción a la Virgen, devoción que ha quedado impresa, de forma indeleble, en el espíritu del Cister. Algunas de las oraciones marianas que rezamos actualmente los cristianos fueron escritas y propagadas por San Bernardo. Fue canonizado en 1173.







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